31 de Octubre de 2011

ENTRENAR EN ALTITUD ES DIFERENTE

Llevamos ya dos duras semanas asentados en nuestro enclave keniano, aunque no por ello completamente adaptados. La dureza de las condiciones de entrenamiento crea una mayor diferencia, si cabe, entre el rendimiento de los atletas lugareños y los foráneos como nosotros. La falta de oxígeno vinculada a la altitud provoca que, aún en la pista de tierra batida (y de 405m de cuerda, por cierto), resulte extenuante correr a ciertos ritmos que en condiciones habituales son muy asequibles. Eso por no hablar del sinfín de cuestas que hay en cada camino por los que rodamos o hacemos cambios de ritmo, que suben las pulsaciones hasta umbrales casi anaeróbicos y que luego pesan como una losa en el resto del entrenamiento.

 

Vista panorámica de Iten

 

Los africanos se manejan en estas condiciones como pez en el agua. Es curioso, no obstante, cómo algunos de sus entrenamientos son sorprendentemente livianos, sesiones de "easy jogging", que viene a ser carrera continua a ritmo muy lento (incluso por encima de 5′/km), ritmos a los que, al menos yo, no suelo correr ni para calentar. Eso sí, cuando tienen que exprimirse no dejan títere con cabeza. Un día que teníamos que rodar, nos juntamos a un grupo que comandaba el bronce mundialista en 10.000m, Moses Masai, al que en un principio no reconocimos. Cuando llevábamos algo más de media hora, nuestros acompañantes consideraron que era el momento de ajusticiar a los "mazungos" (el término con el que se refieren a los caucásicos en la lengua suajili) acelerando progresivamente y dejándonos en la estacada totalmente exhaustos, víctimas del sobreesfuerzo al intentar aguantarles. Personalmente, el momento en el que peor lo he pasado fue en una sesión de "fartlek", junto a un grupo de unos 50 kenianos. Si ya de por sí me cuestan sobremanera los entrenamientos de fondo, y más a esta altitud, en este caso además acusé la fatiga acumulada tras tantos días de intenso esfuerzo (llevaba en una semana 140 kms, todo un récord para mí). El entrenamiento consistía en hacer 20 cambios de ritmo a lo largo de unos 14 kms. Fue una auténtica escabechina, con un reguero de atletas que se iban rezagando del grupo que marcaba el ritmo, y yo desfallecí en el sexto cambio. De ahí hasta el final del circuito sólo pude ir trotando a duras penas hasta cubrir un total de 23 infernales kilómetros, sumando el calentamiento y la llegada hasta nuestro alojamiento. A cada uno de los cuatro compañeros aquí presentes nos ha tocado pasar auténticas penurias alguno de los días que llevamos, lo que nos hace pensar que hemos forzado un poco más de la cuenta y que aquí el entrenamiento ha de ser menos intenso que en nuestro hábitat y no al contrario, ya que en estas condiciones los esfuerzos se multiplican.

 

Entrenamiento en la pista

 

Es algo que también hemos podido cotejar con las experiencias de algunos de los europeos aquí presentes, y que han venido ya varias veces. Compartimos el pequeño complejo donde habitamos con cuatro italianos (entre ellos el fondista Stefano La Rosa, un amiguete que ya conocía) y un estonio. Otros europeos conocidos que nos hemos ido encontrando aquí en Iten han sido los franceses Yoann Kowal y Mourad Amdouni, o el inglés Andy Baddeley. Mención especial hay que hacer a los británicos, cuya federación tiene, por lo visto, veinte habitaciones alquiladas durante todo el año en el centro de alto rendimiento de Lornah Kiplagat, para uso y disfrute de sus atletas, por lo que ahora mismo hay varios de ellos. Algo tendrá que ver la celebración de los J.J.O.O. en Londres. Por otro lado, a la lista de keniatas de renombre que vamos identificando, se suma, el ahora qatarí, Saif Saaeed Shaheen (recordman mundial de 3000 obstáculos), que vive un par de casas más adelante que nosotros. También debe de vivir y entrenar aquí el recordman mundial de 800m, David Rudisha, aunque ahora mismo se encuentra descansando en Eldoret. En definitiva, y pese a sufrir lo nuestro, es un gustazo compartir kilómetros y vivencias junto a deportistas de esta talla. Sarna con gusto, no pica.

PATROCINADORES

Álvaro Rogríguez